Alguien dijo en una ocasión que los niños son la Iglesia del futuro y quizás tenga razón en su declaración. El tiempo pasa a prisa y los niños que hoy vemos entre nosotros, de buenas a primera se nos convierten en jovencitos y acto seguido en adultos, casi sin darnos cuenta nos hacen padres o abuelos. Es la ley de la vida, la cual no podemos hacer retroceder. Es por esta razón y también porque la sociedad que no busca a Dios se va en detrimento, que nos debemos de ocupar de los más pequeños. En la iglesia les instruimos en la palabra de Dios que también es para ellos y les ministramos con diferentes actividades que le motivan al aprendizaje de los principios de la vida, como: títeres, juegos, películas, sin descuidar el fundamento; las enseñanzas de la Biblia.