La Iglesia que el Señor diseñó está encargada de rescatar las almas perdidas, teniendo como propósito cambiar su manera de vivir por una que agrade a Dios. Para eso las alcanza a través del ministerio evangelístico y complementa dicha tarea a través del discipulado. Este ministerio se encarga de preparar a los recién convertidos, instruyéndoles y encaminándoles en los primeros pasos, dándoles a conocer los principios del Reino para que puedan establecer su fe en el fundamento de la palabra de Dios.